Descripción
La historia comienza en la villa roja de Albarracín, convertida desde las primeras páginas en mucho más que un escenario. El paisaje turolense, sus calles, sus piedras y el característico color de la arcilla se incorporan a la historia hasta convertirse casi en un personaje más. El rojo está en todas partes: en la tierra, en las fachadas, en la luz, pero también en la sangre y en la violencia. Desde el comienzo, José Luis juega con esa asociación entre belleza y horror. La primera escena, con el cuerpo de una mujer expuesto en el balcón del Ayuntamiento, deja claro que estamos ante un thriller que no pretende limitarse a descubrir quién ha cometido un crimen.
A partir de ahí aparece Ángela Morán, la sargento que se convierte en el centro emocional de la novela. Ángela no es simplemente una investigadora que persigue a un asesino. Es una mujer que arrastra sus propios fantasmas y que, mientras intenta reconstruir la lógica de los crímenes, se ve obligada a enfrentarse también con su propia memoria.




