Descripción
Supe que era ella el primer día que la vi, sentada bajo la marquesina de la parada de autobús que hay frente a mi casa. Es difícil explicar por qué tuve esa certeza. Hacía casi treinta años desde que nos separamos y no nos habíamos vuelto a ver. Yo tenía entonces siete años y ella, diez. Ya sé que resulta increíble, pero lo supe. La había imaginado tantas veces… En realidad, llevaba un tiempo sobresaltándome cuando sonaba mi móvil y escrutando los rostros de todas las mujeres en torno a los cuarenta con las que me cruzaba por la calle desde que, un par de meses antes, me habían llamado para comunicarme que mi hermana, Elvira, quería ponerse en contacto conmigo.
Así comienza Sana, sana, una novela que habla de las heridas de la infancia, pero también de la soledad, del sentimiento de culpa, del perdón y del poder del amor para cicatrizar dichas heridas.
Elvira y Jorge son dos hermanos que, tras sufrir la pérdida de su madre, son separados: Elvira, la mayor, va a un centro de acogida y Jorge es adoptado por una familia. Casi treinta años después, asistimos a su reencuentro y conocemos cómo han transcurrido sus vidas, durante las cuales han tenido que lidiar con el dolor causado por las pérdidas, las ausencias y, en el caso de Elvira, el peso de la culpa.




